PERSONERÍA JURÍDICA MATRÍCULA 32264
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Dos modelos en disputa

Dos modelos en disputa más allá de discursos y campañas

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Por Sergio Fernández Novoa*
 
Las elecciones primarias del próximo domingo comenzarán a definir el futuro de los argentinos. Lo que está en juego no es menor: profundizar el modelo de desarrollo con inclusión social o apostar a una versión maquillada de las políticas que ya fracasaron y que la mayoría recordamos con pesar.
No es necesario desempolvar el archivo, a diario nos encontramos con la fascinación que el neoliberalismo más salvaje causa en Macri, De Narváez y González Fraga o con la falta de voluntad política para transformar la inequidad social que expresan Duhalde, Alfonsín o Carrió.
Basta con mirar lo que ocurre en el mundo para confirmar lo que está en discusión en la Argentina. Las masivas protestas que se verifican en Chile, España, Inglaterra o Israel tienen motivaciones disímiles pero un común denominador: la insatisfacción que las políticas de corte neoliberal generan en amplios sectores de la población.
En Chile, eterno “ejemplo a seguir” de los restauradores del viejo orden conservador, el derecho a la educación se volvió prohibitivo para la mayoría. En España, la desocupación, la caída del poder adquisitivo y la crisis de legitimidad de los partidos tradicionales empujan a millones a las calles.
En Israel la ciudadanía gana los espacios públicos ante la incapacidad de los sucesivos gobiernos para garantizar el acceso a la vivienda. En Inglaterra, un cóctel de desempleo, recorte de beneficios sociales y falta de horizontes derivó en un estallido de violencia urbana cuya evolución resulta impredecible.

La pregunta se cae por su propio peso: cuando los principales referentes de la oposición prescriben enfriar la economía, achicar el gasto y romper la alianza estratégica con los países de la región para correr a los brazos del “primer mundo” ¿ignoran que esas recetas nos pondrían ante un panorama similar al que describimos?
Quizás sea por temor a esa respuesta que buena parte de los candidatos opositores prefiere discutir en torno a la agenda que proponen los medios hegemónicos y los intereses económicos que expresan. Es decir, amplificar los operativos de prensa en torno a Eugenio Zaffaroni o las Madres de Plaza de Mayo  y no poner en discusión cómo se genera más y mejor trabajo, crecimiento económico y un reparto equitativo de la riqueza aún en un contexto internacional signado por zozobras económicas y financieras.
 
En épocas de crisis, los argentinos lo sabemos bien, los esfuerzos los pagan los pueblos. Esto no es una fatalidad. Es una decisión política. Significa que puede ser de otro modo. Ese otro modo es el que buscan los gobiernos populares en América del Sur, como quedó claro en la reunión que los ministros de economía de la UNASUR mantuvieron en Lima. De lo contrario, los problemas siempre los pagan los sectores más vulnerables.
Y es aquí donde la disputa por el sentido, cuyo escenario privilegiado son los medios masivos de comunicación, cobra especial relevancia. Las permanentes apelaciones a la política como espacio sin conflictos, a decisiones neutras del gobierno, a una supuesta armonía en pos del bien de todos, son símbolos de la tecnocracia y esconden el anhelo de no tocar el status quo. Se trata de que la crisis la pague el Pueblo y que la economía esté al servicio de las corporaciones.

Los medios dominantes, a través de sus editoriales y columnistas, y buena parte de la clase política, ponen sobre el tapete este discurso vacío. Y con él disputan sentido. Así escuchamos a Macri, Binner y De la Sota clamar, convertidos en una suerte de Budas, por el fin de las divisiones, eliminar la confrontación y generar consensos, como si cada decisión política, económica o financiera que toma cualquier gobierno del mundo no tuviera consecuencias.
¿Acaso hablaban de crispación y división cuando las políticas estatales o las iniciativas de los conglomerados de la economía afectaban el bolsillo de las mayorías aumentando los precios en las góndolas o incrementando la tasa de ganancia a través de la precarización laboral? ¿Convocaban a terminar con la confrontación cuando se impulsaba la concentración mediática o se garantizaba la impunidad a quienes violaron los derechos humanos?
 
Las respuestas a estas preguntas deberían servir para recuperar el contenido de palabras como unidad, consenso, articulación, pueblo. También para alentar el debate político y poner en claro los modelos que están en disputa. De esta manera podremos superar el eslogan para que gane la democracia.   
 
*Presidente de ULAN y Consejo Mundial de Agencias de Noticias. Vicepresidente de Télam

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12/08/2011 (986)        compartir en facebook compartir en twitter compartir en G+ compartir en Whatsapp



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